miércoles, 25 de febrero de 2015

Código humanístico

El Decálogo de todo buen humanista

Humildad: Las humanidades son un campo de estudio inmerso en un ambiente de cambio e investigación constantes, de diálogo frecuente e interdisciplinario y de saludable actitud crítica, por ello, es necesario que el humanista esté dispuesto  tanto a aceptar correcciones como a corregir a sus colegas de manera objetiva y respetuosa.
Actitud Crítica: El discernimiento, la capacidad auto-reflexiva, el afán de buscarle “las tres patas al gato”, son signos distintivos del humanista de calidad. Este no acepta la primera cosa que le dicen como dogma de fe y mucho menos cree que todo lo que está escrito es palabra de Dios.
Creatividad: La creatividad va más allá de la habilidad de “crear” cosas nuevas, es la facultad de pensar de manera distinta, innovadora y original, de cambiar la perspectiva para ampliar y renovar la visión; el humanista debe tener un pensamiento creativo, pues este será fundamental en la generación de ideas, el desarrollo de planteamientos y la construcción de proyectos.
Valentía: La actualidad es una época donde no existe la valentía, la gente se escuda bajo el anonimato de la colectividad, de un pensamiento que se autodenomina inequívoco y bajo la irreflexiva bandera de la moda.  Esta es una virtud necesaria en toda persona, pero más en el humanista actual, este debe poseer el compromiso de dar una opinión, de decir la verdad sin miedo a recibir malas miradas de otros.
Objetividad: Uno de los grandes peligros de los estudios e investigaciones actuales, quizá el mayor,  es la subjetividad. Esta se presente en la actualidad como una carta blanca, la cual permite a las personas decir, hacer y peor, escribir como algo serio,  lo que piensan, aunque  esto no tenga fundamento alguno. El humanista serio sabe distinguir los hechos de las opiniones, las posturas de las verdades, los argumentos de las evidencias.
Profundidad: El crecimiento explosivo de las últimas décadas de los resúmenes, glosas y  artículos de  divulgación y  la cada vez menor necesidad de reflexión en la persona promedio, han estancado el pensamiento actual en un terreno de aparente profundidad, pero de indudable trivialidad. La competencia actual del alumno de humanidades, el reto de leer y comprender cantidades inauditas de textos, el ritmo acelerado del cambio etc.  Ofrecen la tentación de leer solo el índice, de consultar la versión reducida y de  quedarse con la información de una sola fuente. El humanista de verdad va más allá del resumen.
Actitud inquisitiva: Un buen humanista es alguien con ansias de saber, que no teme jugar al inquisidor y hacer más de una o dos preguntas incómodas para llegar a su objetivo, que debe ser la verdad.
Formación sólida: La formación del humanista debe ser impecable, no debe limitarse a los aspectos de su carrera, sino ser interdisciplinaria y estar nutrida por el contacto frecuente del arte y las ciencias. El modelo más acabado para mí es el medievo,  universidades que formaban humanista con obligado conocimiento de latín, música y lógica.
Paciencia: “Todo lo bueno lleva su tiempo”, dice el refrán, acertadamente. El humanista sabe dedicar el tiempo requerido a cada una de sus investigaciones y trabajos, busca la calidad y la integridad de todas sus acciones.
Tolerancia: La tolerancia tiene dos enemigos mortales en el campo de las humanidades, por un lado existen, como existirán hasta el fin de los tiempos,  los prejuicios, estos dañan la actitud crítica y obstaculizan la imparcialidad;  el humanista no busca un imposible idílico como no tener prejuicios, sino saber desprenderse de ellos cuando es necesario. El segundo enemigo es una  tolerancia idiota que obliga a la persona a aguantar todo, incluso lo malo. La tolerancia no se restringe a recibir y soportar cualquier cosa, es saber también marcar las líneas de lo correcto e incorrecto.

Diez empleos para el licenciado en letras

Traductor de textos
Creación literaria
Crítica literaria y cinematográfica
Suplementos culturales
Redacción y edición en periódicos y revistas
Filólogo
Lingüista
Corrector
Periodista
Diseño editorial




Currículum Vitae


DATOS PERSONALES

Nombre                                    :         Jorge Alberto Castro de Dios
Lugar y Fecha de Nacimiento           :          Guadalajara, Jalisco - 31/05/94
Edad                                        :          20
Estado civil                              :          Soltero
Celular                                                 :          3331272638
Correo electrónico                  :          jorjodedios@hotmail.com


OBJETIVOS PROFESIONALES      

Terminar de cursar la carrera Letras   Hispánicas
Aprender francés
Adquirir dominio completo del inglés
Hacer una maestría
Publicar un libro de cuentos

ESTUDIOS SUPERIORES

Universidad                :                      Estudiante de Quinto Semestre de la carrera de Letras hispánicas de la Universidad de Guadalajara.                       

80% de dominio del inglés
Microsoft Office - nivel intermedio


Cursos y Seminarios:

Taller de Redacción en la Sociedad General de Escritores de México.
ž   Taller de Escritura Creativa en la Sociedad General de Escritores de México.
ž   Taller de Poesía  en la Sociedad General de Escritores de México.
ž   Taller de Introducción al cuento en la Sociedad General de Escritores de México.
ž   Curso de Cuento fantástico en la Universidad de Medios Audiovisuales.
ž   Curso de Escritura Creativa en la Universidad de Medios Audiovisuales.
ž   Curso de Guion cinematográfico en la Universidad de Medios Audiovisuales.
ž   Curso de técnicas narrativas en la Universidad de Medios Audiovisuales.
ž   Taller de Creación poética en el Museo del periodismo y las Artes Gráficas.

OTRAS REFERENCIAS
Pasaporte
Visa vigente
Licencia Conducir
APTITUDES
Trabajar bajo presión
Trabajar en equipo
Manejos de grupos
Liderazgo
Iniciativa
Dominio básico de óleo, acrílico y carboncillo
OTROS CONOCIMIENTOS
Microsoft Office
Internet


EXPERIENCIA PRE-PROFESIONAL

Maestro de Catecismo en el instituto religioso Miles Christi.  (2006-2009)
Docencia a grupos de secundaria y preparatoria de la doctrina católica  básica.

Misionero del grupo religioso Miles Christi  (2008-2012)

Trabajo social en diferentes áreas de Guadalajara, trabajo con niños y adolescentes, principalmente.

La vocación

La vocación

La razón por la que yo decidí estudiar letras fue, en apariencia, muy sencilla e incluso algo superficial,  elegí la carrera de letras hispánicas porque me gustaba mucho leer;  sé que esta respuesta puede sonar vacua o incluso tonta, pero pienso que, ante todo, uno escoge, o debería escoger, su carrera, su trabajo, su pareja, su vocación,  porque halla gusto en ella.
            En las líneas anteriores usé una palabra en particular, “vocación”. Vocación viene del latín vocare y significa llamado, la vocación es para mí muy similar al matrimonio, ambas son elecciones que la persona hace, o debería hacer, libremente y en pleno uso de sus facultades; las dos son compromisos con los que una persona accede a unirse,  a veces para toda la vida o hasta que la muerte los separe.
            La vocación es la tarea a la que un ser humano decide consagrar su vida, es algo más profundo que el concepto de trabajo y mucho más enriquecedor que este, pues no busca una remuneración económica (un pago que nunca te deja satisfecho), sino, y aunque peque de poético,  el placer de realizar la actividad que amas, de cumplir, como Ignacio de Loyola decía “el fin para que hemos sido creados”.      
            Sin embargo, la vocación a la literatura tiene algo de particular en frente a las otras vocaciones de la vida. El literato es un hombre que está enamorado del lenguaje, desencantado de la realidad y que encuentra en las letras ese espacio constante fuera del tiempo donde puede escribir y descubrir no el mundo que es (en varias ocasiones es un escape de este), sino el que debería ser, el que uno quiere que sea.
            Wilde define  el arte en su decadencia de la mentira como una “enérgica protesta”, y afirma que la variedad no se encuentra en la naturaleza, sino en  la imaginación y la fantasía, a lo largo de este breve texto,  el dramaturgo inglés demuestra el carácter inacabado y aburrido de la realidad. Para él,  la literatura es un acto redentor,  purgativo,  la oportunidad de corregir los errores del mundo y embellecer  la existencia, es el escape divino donde el hombre ilustra su interior.
            Creo que ahí está el meollo del asunto, el literato, al igual que cualquier estudioso del arte,  se diferencia por dedicar su vida a la belleza, a su estudio y comprensión, en muchas ocasiones, al simple  placer y goce de observarla. Esto se traduce en actividades tan sencillas como fantásticas: el encanto de descifrar el infierno y el paraíso en La Divina Comedia, el deleite de admirar por vez primera las aventuras del ingenioso soñador Don Quijote.
            La palabra nos ofrece un mundo en cada vocablo; un encuentro en cada repetición. Al inicio de la carrera yo no entendía esto, me gustaba mucho leer (aún sostengo que esto es más que suficiente para empezar), pero no había comprendido que el estudiante de letras, más que eso, el literato,  es alguien que ha descubierto la felicidad secrete de los libros, el significado oculto de las palabras y que, por ello, está dispuesto a entregar su vida a la literatura.
            Para mí esta facultad  hace  de la literatura una de las mejores vocaciones,  se habla mucho, tal vez demasiado, de que no produce dinero, no obstante, para mí la pobreza no es un estigma, sino una virtud.  La persona que estudia las letras no lo hace por interés monetario, sino por amor, por un disfrute desinteresado y limpio,  donde cualquier fin corrupto queda ausente.
            Con el paso de los semestres y el estudio, me percaté, además, de la maravillosa inutilidad del arte. Los  libros no producen ni producirán (gracias a Dios) ningún fin utilitario o práctico, buscarles uno es, asimismo, inútil y hasta ofensivo. Borges se enojaba cada vez que alguien le preguntaba para qué servía la literatura, a lo que respondía que nadie preguntaba para que servía una puesta de sol, o cualquier otra cosa bella que hiciera nuestra estancia en la tierra menos tediosa.
            La verdadera naturaleza de los libros es, como ya he mencionado, la belleza y aunque un soneto de Sor Juana o la lectura de una tragedia de Shakespeare no te quiten ni el hambre ni el frío, son mucho más valiosos que un sándwich o un abrigo, pues tomando las palabras del genial Dostoievski “la belleza salvará al mundo”.

            La literatura es la arquitectura del lenguaje humano,  su antigüedad es incalculable al igual que su importancia y por eso quiero dedicar mi vida a ella. El área del estudio que más me interesa es la literatura medieval y renacentista,  pues retrata y expresa el pensamiento de dos épocas invaluables y muchas veces incomprendidas. Creo que si pudiera tener un encuentro, más literario que posible, con aquella persona que fui hace cuatro años llamada Jorge Castro de Dios, me diría a mí mismo: Estudia letras, no te arrepentirás.